Nuestra huerta es otra manera de seguir celebrando la vida, como nos enseñaron nuestros abuelos. Es un espacio para conectarnos con la tierra y agradecerle por permitirnos producir alimentos que le hacen bien a nuestro cuerpo y enriquecen nuestra alma.

Creemos firmemente que el respeto por la tierra viene acompañado de un buen uso del suelo, por lo cual nos alejamos del uso de agroquímicos, y fertilizamos nuestros alimentos de manera natural y sana. Empleamos la aplicación de EM (Microorganismos Eficientes) en nuestra huerta y los jardines. Además, aprovechamos los residuos orgánicos que generamos para hacer compost y poder alimentar a las lombrices, quienes nos aportan lixiviados y humus, y aplicarlos como fertilizantes en la huerta y el jardín.

Sembramos principalmente hortalizas como lechugas, espinacas, rábanos, cebollas, zanahorias, y hierbas aromáticas. Además, el espacio de la huerta nos permite tener nuestros propios semilleros de flores para mantener nuestros jardines llenos de colores.

Los Laureles es lugar que invita a estar en contacto con la naturaleza, a entrar en un dialogo profundo con ella, por lo que sentimos que “el movimiento del amor no está

limitado a los seres humanos y es más sencillo en otros mundos, como el los árboles y las flores. Cuando el sol se pone y todo se hace silencio, es un momento para sentarse y ponerse en comunión con la naturaleza. Se siente como sube desde el interior de la tierra, desde debajo de las raíces de los árboles hacia arriba y a través de sus fibras hasta la más elevada rama, la aspiración de un amor intenso, el llamado de algo que trae luz y da felicidad” – Sir Aurobindo. Nuestros jardines son una oportunidad para entrar en conversación con esas vibraciones sagradas que emiten las flores y las plantas, y recibir esos mensajes de aspiración divina de la naturaleza, como enseñó La Madre en sus jardines en la India.